Parashat Vaigash. Pagar mal con bien

 
El climax en la historia de los hijos de Israel llegó. Luego de años de angustia, enojo y bronca contenida, Iosef se reúne con sus hermanos y por primera vez en su vida los escucha realmente turbados por lo que le habían hecho 22 años antes. Pero todavía faltaba algo, darles la oportunidad de actuar diferente ante un caso similar. Se detiene, piensa, allí está su hermano menor (quien tampoco lo reconoce) lo toma como prisionero para ver si aquí también sus hermanos se van a hacer los distraídos, pero no, está vez y por primera vez en la historia un hermano se hace responsable de lo que sucede con el otro.
Iosef quiere acercarse a sus hermanos, más ahora que se les mostró como quien realmente es, hablando su mismo idioma, recordándoles viejas experiencias, sin embargo ellos continúan reacios, seguramente por miedo a una lógica venganza. Cuando Iosef era un joven ellos aprovecharon su debilidad física para dañarlo, ahora que él se había convertido en el amo de Egipto la balanza de inclinaba para el otro lado.
Pero nada de ello ocurrió. No solo Iosef se acercó a sus hermanos, sino que proveyó durante toda su vida comida y parnasá a todos sus hermanos y sus familias sin límite.
 
“Al teatzebú veal ijar veeinejem” (Ber. 45:5) “No se entristezcan, ni les pese a sus ojos el haberme vendido, ya que para su sustento D’s me envió frente a ustedes”.

El acto heroico de Iosef de perdonar a sus hermanos no es solo una muestra de maduración personal, es todo un símbolo de su confianza y amor por cada criatura del mundo. Nos muestra que a pesar de que conoce la existencia de un lado negativo en cada persona, su lado positivo es muy superior. Es fácil pagar con la misma moneda, por eso el gesto que lo llevó a la grandeza fue el de hacer exactamente lo opuesto, perdonar e ir incluso más lejos agradeciendo aquello malo que le hicieron alguna vez.

En un mundo cada vez más violento, donde cualquier discusión, por más banal y superflua que parezca, hierve la sangre de los participantes, el ejemplo de Iosef resuena en cada rincón como una oportunidad de cambiar las cosas. Si queremos que se nos perdonen nuestras propias ofensas debemos ser nosotros quienes actuamos así con los demás, responder con grandeza a la bajeza, con bondad a la maldad. Saber que no conocemos a dónde nos llevan las acciones y decisiones de los demás por más de que parezca que son del todo negativas. Transformar el odio gratuito en amor gratuito, respirarlo, vivirlo, ser como Iosef en cada instancia.

Solo así lograremos cumplir con la ilusión del Rey David “Ine ma tov huma naim shevet ajim gam iajad”.

Shabat Shalom

Alan Kuchler 
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