Parashat Vaishlaj. Del otro lado del miedo

 

El miedo puede ser un poderoso motivador. Nos puede mover hacia adelante o mantenernos atrapados donde estamos. La emoción del miedo es una respuesta saludable a una situación peligrosa, pero la forma en que elegimos actuar sobre nuestros temores puede marcar la diferencia en nuestras vidas.

Iaacov tiene miedo al regresar a casa. Veinte años atrás, él le robó la primogenitura a su hermano Esav, el cual juró vengarse de él. Debido a esta amenaza, Iaacov se escapa. Cuando se fue era un hombre joven que estaba empezando a madurar, y cuando regresó lo hizo con esposas e hijos, esclavos y animales. Regresa como un adulto listo para reclamar su lugar en su familia. Y, sin embargo, todavía tiene miedo. Él no sabe si estos últimos veinte años han cambiado a su hermano. Él no sabe si su vida todavía está en peligro.

Cuando Iaacov se acerca a su casa, Esav también arriba al lugar, rodeado de 400 hombres armados, y la imagen probablemente sea aterradora.  Pero cuando se acerca lo suficiente, Esav abraza a su hermano, perdonándolo, pasando la página de la historia alguna vez vivida. Le da la bienvenida a su hogar y se ofrece a acompañarlo a un terreno apropiado para establecerse. Pero Iaacov parece no estar listo para eso y entonces los dos toman caminos separados, toma un largo pasaje de regreso y se establece en algunos otros lugares antes de eventualmente depositar confianza real cerca de Esav.  Parece que todavía podrían quedar dudas en Iaacov sobre su seguridad con Esav, si éste era realmente un amigo o un enemigo.

El midrash reconoce el temor de Iaacov y elogia su acto de enfrentar su miedo y avanzar hacia él en lugar de alejarse.  Se establecen uno cerca del otro y quizás podamos imaginarlos viviendo al otro lado de la calle. Pueden interactuar entre ellos o no, pero continúan en paz.

Fue el miedo lo que lo hizo correr, fue el miedo lo que lo hizo regresar tan despacio, pero finalmente fue el enfrentar ese miedo lo que le permitió regresar a su hogar y finalmente establecerse. Iaacov se enfrentó a lo que había sido tan aterrador para él. Esav también realizó una tarea difícil, dio la bienvenida a su hermano y lo perdonó por robar algo tan querido como la bendición de un padre. Un acto de perdón tan poderoso puede haber sido igualmente aterrador. Estos dos actos de valentía permiten que una familia se reúna y que los hermanos vivan juntos en paz.

Animémonos a perdonar, a enfrentarnos a nuestros miedos más profundos y así poder  entender que el miedo es una muralla, que separa lo que somos, de lo que podríamos llegar a ser.

Shabat Shalom

Mati Bomse

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