Parashat Vaierá. Lo que los ojos ven, sienten y callan.

 

 

En el fondo, en el fondo, el ojo estaría destinado no a ver sino a llorar. Porque en el mismo momento en que ocultan la vista, las lágrimas revelarán lo que es apropiado para el ojo.
Jacques Derrida, Memorias de los Ciegos.

“Y Dios fue visto antes que él… y alzó sus ojos y vio…” “Al levantar la vista, vio a tres hombres de pie cerca de él. Tan pronto como los vio, corrió desde la entrada de la tienda para saludarlos…” (Génesis 18: 1-2). Nuestra parashá comienza con un encuentro visual; Dios aparece y Abraham ve. Abraham pregunta a sus visitantes si ha encontrado gracia en sus ojos (18:3), Lot ve dos visitantes celestiales (19:2) y sugiere que ha encontrado apoyo en sus ojos (19:19), y Abraham levanta sus ojos para ver el carnero que tomará el lugar de su hijo Isaac como sacrificio.
Por otro lado, los hombres de Sodoma que buscan acosar a los visitantes de Lot, el sobrino de Abraham, son golpeados con ceguera (19:11). La esposa de Lot mira hacia atrás en la destrucción de su hogar y se transforma en una columna de sal (19:26). Sarah vio algo desagradable en Ishmael, lo que obligó a Abraham a desterrarlo a él y a su madre. Y, finalmente, Abraham levantó los ojos para ver el lugar donde tendría que matar a su propio hijo (22: 4).
En estos momentos bíblicos de intento de asalto, destrucción, odio y muerte, el texto oculta el dolor que sienten estos personajes. Pero podemos sentir la presencia de su dolor, sus lágrimas ocultas detrás de las palabras. Su llanto
silencioso repercute en nosotros mientras miramos a nuestro alrededor en la oscuridad de nuestro tiempo. El odio, la violencia y la muerte no nos son extraños. Los atentados ocurren, y nos sentamos a mirarlos silenciosos detrás
de la pantalla de televisores, computadoras y celulares, sin poder decir nada, gritando en nuestro interior.
Sin embargo, estas historias también cuentan cómo perduraron estas figuras. Lot y sus hijas continúan después de la destrucción de su hogar, Agar e Ismael sobreviven en el desierto, y tanto Abraham como Isaac vuelven a casa
juntos.
Quizás también nosotros podamos permitir que nuestras lágrimas no nos cieguen, sino que aclaremos nuestra visión para ver la posibilidad de construir un mundo mejor. Basado en valores que aboguen por la justicia social y la
igualdad de derechos entre los seres humanos.

Shabat Shalom

Mati Bomse

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