Parashat Noaj. La copa de la vida.

 

“Vaiesht min ha-iain vaishaker”
“Y bebió del vino, y se emborrachó”. (Génesis 9:21)

Noé es un sobreviviente. Un sobreviviente de su propia historia. Testigo del diluvio. Testigo de cómo el mundo entero puede desaparecer.

Noé ve como todo lo que conocía se derrumba. Se va. Atraviesa la experiencia del dolor, la perdida, el abandono. Siente el vacío, la culpa, la soledad. Mira hacia atrás y solo le quedan los recuerdos de lo que alguna vez fue su vida. Mira hacia delante y solo ve incertidumbre, desolación y miedo.

Un sobreviviente del diluvio que se llevó todo lo que él conocía. Un terremoto que le arrebató la vida que tenía. Un mundo que ya no es.

Cuando baja del arca lo primero que hace es plantar una viña. La viña crece y la transforma en vino. Y aparece nuestro versículo. Extraño. El texto no dice que toma vino, sino que toma de “el” vino (ha-iain).

El Maestro Jasídico Sefat Emet dice que Noé había llevado consigo al Arca su copa de vino. De la que solía beber cuando vivía en aquel mundo que ya no era. Y que por eso el texto dice que bebió de “el” vino. O sea, no de cualquier vino, sino del que bebía antes. Antes aún del diluvio. De la copa que bebía antes.

Noé pensaba que las cosas podían volver a ser igual a antes del problema. Que comenzar de nuevo podía implicar ser el mismo que ayer. Que la manera en que respondía su cuerpo o su alma al mundo, sería la misma ahora que el mundo ya no era el mismo. Que tener enfrente una nueva oportunidad no implicaba dar respuestas distintas a situaciones diferentes y nuevas.

Atravesados por diferentes diluvios, la vida nos regala nuevas oportunidades. Después de tanta lluvia, de pronto nos regalan una nueva mañana de sol. Comenzar a construir un nuevo mundo, un nuevo tiempo, una nueva oportunidad, nos intima a ser interpelados por la sabiduría del ayer.

Saber que lo que fue no será igual. Que lo que bebimos de la vida y las respuestas que recibimos no serán las mismas en la nueva etapa. Que una mañana de arco iris exige que nos regalemos ser y responder de manera diferente.

A cada noche, le sucede el día.
A cada invierno, una primavera.
A cada lluvia, un amanecer de sol.

Despertemos hacia el nuevo año dispuestos a enfrentar el nuevo tiempo con renovación espiritual. Para lograr levantar una copa llena de vida, y celebrar la vida nueva.

Shabat Shalom
Rab Ale Avruj

 

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