Comentario Shabat Iom HaKipurim

 

Una teshuvá completa

Dice el Baal HaTania que el concepto de teshuvá dista mucho del concepto de pedir perdón y ayunar. Si esto es así entonces, ¿de qué se tratan estos 10 días, estos “iamim noraim”? ¿No es acaso un momento ideal para encontrarse con la gente a la que hemos dañado de alguna forma y ofrecer unas sinceras disculpas? Parece, al menos para el autor del Tania e incluso para grandes sabios como el RaMBaM, que no.
La Teshuvá, el arrepentimiento sincero es un proceso mágico, místico, profundamente espiritual que requiere de un trabajo interior tremendo. Requiere en primer lugar de abandonar la actitud, abstenerse de la mala acción, comenzar con la actividad comandada. Si fui rápido para enojarme, si hablá mal a mis amigos, si me burlé de mis afectos primero debo abstenerme de seguir haciéndolo. El segundo paso es quizá el más complejo porque requiere la corrección del ser, una vuelta al camino del cual me desvié, ese camino que me marcaba el destino y la posibilidad de convertirme en un hombre justo, recto, amable, un mentsch. En otras palabras, el proceso de arrepentimiento es refaccionarme, perfeccionarme, modificarme y elevarme del estado anterior. Y este crecimiento solo es posible luego de una lucha con mi ser más íntimo, en algunos casos incluso de pasar por una crisis, ya que es ahí donde descubrimos que no todo en nosotros es tan perfecto.
Cierta vez se organizó un farvrenguen que contó con la presencia de grandes maestros y rabinos. Allí cada uno de los comensales compartió cuál había sido la enseñanza que su padre le había dado. Rabi Ijiel de Ostrovtza era hijo de un panadero y comentó que su padre le había enseñado que un pan nuevo es más rico que uno viejo. Al final de la mesa Rabi Tzvi Hirsch de Rimanov dijo: “mi padre era un sastre y de él aprendí dos cosas: no arruinar una prenda nueva e intentar, en lo posible, de arreglar las prendas usadas”. De todos éste fue el discurso que más gustó a la mesa.
Todos recibimos una prenda usada este año, algunas prendas incluso bastante dañadas, pero todos tenemos la oportunidad de hacer de ellas algo mejor si solo nos dedicamos a dejar de romperla y empezar a refaccionarla.
Que todos podamos hacer una teshuvá completa que nos eleve un escalón más para llegar más alto y que nos ayude a retornar al camino deseado por aquellos que soñaron con ver un futuro mejor, con más amor y más paz.

Jatimá Tová
Alan Kuchler 

 

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