Parashat Shoftim. Armas para la paz.

 

“Ki tetzé lamiljamá al oiveja”.
“Cuando salgas a la guerra contra tu enemigo”.

Vivimos en lucha. Cada uno debe enfrentar sus propias batallas. El enemigo puede estar fuera, o dentro. Los obstáculos, las crisis, lo que no debía haber sucedido. Las decisiones y las indecisiones. Los vínculos complejos, la enfermedad o la pérdida. Cada dificultad es la batalla personal hacia la armonía.

La Parashá nos dice que hay tres personas que están exentas de ir a la guerra: el que está por inaugurar una casa, el que plantó una vid recientemente, y el que acaba de desposar a una mujer.

Son señales. Nos susurran de qué manera enfrentar mejor nuestras guerras.

Construir y celebrar la casa. El hogar, la familia. Primera prioridad. Si la construimos y la cuidamos, si la respetamos, la honramos, la valoramos. Si sabemos refugiarnos en ella, en nuestros hijos, padres, amigos, en nuestra casa, entonces, no hay guerra que no podamos enfrentar.

La vid. Disfrutar del fruto de tus manos. El vino es símbolo de felicidad, pero para conseguirlo hay que esforzarse y trabajar. Hacer eso que al hacerlo, disfrutás. Si te vas a poder dedicar a esas cosas que te hacen feliz, el estudio, el arte, la música, la pintura, la escritura, el viaje, la solidaridad, la espiritualidad, al alma.  Regalarte momentos de espíritu.
Si aprovechás eso que te hace salir de la monotonía rutinaria para ser lo que querés ser, y entonces celebrarte, no hay guerra que no podamos enfrentar.

La consagración de la pareja. El amor. Comprender que el amor es el motor que mueve el mundo. Que el amor es D-s metido entre cada voz, en medio de cada letra: AHBH. El abecedario (A-B), la palabra, la voz creativa, y el murmullo divino, la H en medio de ella. Para construir una casa, y disfrutar de la vid, nada más sabio que tener amor en el corazón.

Cada uno debe enfrentar sus propias batallas. Pero el hogar, los vínculos, los momentos que te hacen vibrar y la bendición del amor, son las mejores armas para alcanzar la armonía y la paz en el alma.

Shabat Shalom
Rab. Ale Avruj

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