Parashat Vaetjanan. La Cultura de la Escucha.

 

“Shemá Israel Adonai Eloheinu, Adonai Ejad”

“Escucha Israel, Adonai es nuestro Dios Adonai es Uno”

Palabras que afirman el testimonio de la fe judía. Cada una de sus palabras pueden ser estudiadas detenidamente, pero la primera de ellas Shemá necesita de una especial atención.

Nos explica el Rab Sacks que existe una profunda diferencia entre dos civilizaciones de la antigüedad, las cuales moldearon la cultura occidental: la Antigua Grecia y el antiguo Israel. Los griegos fueron los más grandes maestros de las artes visuales: la escultura, la arquitectura y el teatro.

Mientras que los judíos, como parte de un profundo principio religioso, no lo fueron. Dios, el único objeto de adoración es invisible. Trasciende la naturaleza, crea el universo y eso lo coloca en algo más allá de nuestra visión. Él se revela solamente a través de la palabra. Y es por esto que el acto religioso judío más sagrado es escuchar.

La antigua Grecia era una cultura de los ojos; el antiguo Israel, una cultura de los oídos. Los griegos adoraron lo que ellos veían, los judíos adoraron lo que escuchaban.

“No tendrás imágenes frente a ti”, uno de los primeros mandamientos. Allí la clave de la relevancia del Shemá. Dios no es algo que veamos sino una voz que debemos aprender a oír,  a encontrar y a descifrar.

Así lo explica Moisés en esta Parashá al recordar lo vivido en el Sinaí: “Y entonces Dios te habló a través del fuego. Vos escuchaste el sonido de las palabras, pero no viste ninguna forma, solo había una voz.”(Deut. 4:12)

Esto deriva en enormes implicancias para la tradición judía. No es lo mismo una cultura de la visión que una de la escucha. La Torá es, entre otras cosas, un código de mandamientos y leyes. De hecho, la primera traducción a la palabra Torá es Ley.

Debiera resultar obvio que un libro así contenga un verbo como: “obedecer”, ya que ese es el propósito de todo imperativo. Sin embargo, no aparece un verbo en el hebreo bíblico que signifique obedecer. Esto re-suena especialmente inexplicable.

En el hebreo moderno, como en tantos otros casos para palabras de la modernidad, se ha incluido una palabra con ese significado. Especialmente en la necesidad del Estado de Israel, de tener una palabra como “obedecer”, para su Ejército de Defensa Tzahal, esto resultó imprescindible. La palabra elegida fue “letzaiet”, un término que deviene del arameo, nunca utilizada así en el hebreo bíblico. Sin embargo, la palabra que la Torá utiliza para “obedecer” un mandamiento es “lishmoa”, “escuchar”.

El verbo “lishmoa” es clave en Deuteronomio ya que aparece de una u otra forma 92 veces (en Levítico aparece solo 6) y sirve para una variada gama de interpretaciones:

Escuchar, prestar foco y atención, comprender, internalizar, registrar, llevar al corazón, responder en acción. En el Hebreo ya rabínico tiene otros significados como inferir, aceptar, tomar como evidencia, y recibir como parte de la Tradición Oral.

No existe palabra en español igual a ésta. Una de las más interesantes formas de comprender una civilización es a través de ese tipo de palabras, imposibles de hallar en otras culturas. Es por eso que los beduinos tienen muchísimas palabras para definir la arena y los esquimales a la nieve. Como ejemplo, la palabra griega megalopsuchos representaba a la persona bendecida con  muchas riquezas, status, propiedades y enorme superioridad con respecto al resto. No hay equivalente a una palabra así en la cultura judeo-cristiana, ya que ambas concepciones valoran especialmente la humildad, algo que no sucedía en la antigua Grecia. Por eso el Shemá representa el máximo ejemplo de la cultura de la escucha, y es imposible de traducir.

Esto debiera hacernos comprender mejor el mensaje del judaísmo. La existencia de un verbo como lishmoa, y la ausencia de un verbo como letzaiet nos dice que el Israel bíblico, lejos de depositar el foco en los mandamientos divinos, quiere explicarnos que el judaísmo no es una fe que evalúa de manera positiva la obediencia ciega, no pensada y no cuestionada de sus postulados.

Las mitzvot y las tradiciones tienen un sentido, una razón, un significado. Esto no quiere decir que aquel que no ha encontrado sentido o no acuerda con una ley está liberado de la misma. Sino que la nuestra es una fe que nos invita a estar continuamente en la búsqueda, preguntándonos, cuestionándonos. Una expresión tanto espiritual como racional.

Shemá Israel  no quiere decir “Escucha, Israel”.

Quiere decir Escuchá. Concentrate. Prestá atención al susurro silencioso de Dios. Intentá comprender. Uní todas tus habilidades mentales, emocionales, intelectuales. Porque lo que te prescribe no es algo irracional o arbitrario, sino algo que es para tu crecimiento espiritual, para el de tu familia, el de tu pueblo, el de tu mundo.

En Judaísmo la fe es una forma de escuchar. Escuchar el sonido de la creación, el mensaje de la historia. Dejar solo de mirar, y escuchar. Parar de hablar, y escuchar. Que este Shabat inicie un tiempo en nosotros en donde seamos más escuchadores. Escuchar la delicada voz de tu interior. La del alma. La de Dios.

Shabat Shalom
Rab. Ale Avruj

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