Parashat Devarim. Tan humano como Moshé

 

 

El crecimiento es tan notorio, tan hermoso y tan profundo que uno lo ve y encuentra la inspiración para ser mejor. Ahí está, para todo aquel que sepa abrir bien el sentido de la vista y ver, no con los ojos, sino con todo el ser. Este hombre, Moshé, ya no es el que fue; ha crecido, ha luchado, ha sufrido y ha triunfado. Vio su existencia transformada del לֹא֩ אִ֨ישׁ דְּבָרִ֜ים אָנֹ֗כִי גַּ֤ם מִתְּמוֹל֙ גַּ֣ם מִשִּׁלְשֹׁ֔ם “… Yo no soy hombre de palabras de ayer ni de anteayer…” (Shemot 4:10) al hombre que supo inspirar a un pueblo momentos antes de su entrada a la tierra prometida, inspiración hecha libro, el último de los 5 libros de la Torá.
Y en su discurso final, nuestro héroe, profeta, protagonista como ningún otro del relato, se confunde. Se confunde cuando recuerda los eventos del pasado, mientras advierte y reprimenda a aquella generación por los errores de sus padres, errores tales como el becerro de oro en Sinaí o la falta de confianza de los israelitas en el evento de los mal llamados “espías” que condenaron a toda esa generación a vagar durante 40 años por un desierto. ¿Y en qué se equivoca Moshé? En la responsabilidad que a él le toca por no entrar a la tierra y así cumplir con su objetivo.

Y también contra mí se enojó Ad’ por vosotros, diciendo: Tampoco tú entrarás allá“. (Devarim 1:37)

Moshé asegura que su castigo se debió exclusivamente al evento de los espías, sin embargo, sabemos por demás que su error fue golpear a una piedra buscando agua, y que dicho error sucedió 38 años después. Eso lo vuelve más humano, echarle la responsabilidad de los propios errores al resto. Algún comentarista de la Torá (Ramban, Sforno entre otros) lo tratará de salvar diciendo que en realidad Moshé desea dejar en claro que si no hubiese sucedido lo primero (espías) no se hubiese producido lo segundo (su castigo). Pero si empezamos a razonar siempre de esta forma entonces nunca nadie será responsable de nada.
Llegué tarde al trabajo, pero porque el colectivo llegó tarde a la parada y entonces se me hizo tarde a mí. Le grité a mi amigo, pero porque en realidad mi jefe me estuvo maltratando a mí durante toda la jornada. Así podríamos seguir una vida.
No, Moshé se equivocó, su castigo es suyo y solo suyo. O quizá no se equivocó y en realidad nos quiso mostrar algo que no vemos con una simple lectura, y es que un pequeño paso en falso en nuestra vida puede derivar en algo mucho peor años más tarde.
Quizá no fue por la decisión de un pueblo que D’s se enojó con él, pero sí podría haberse evitado de no suceder lo que sabemos que pasó. Es un juego difícil de jugar el que nos presenta Moshé, el de no culpar al pasado por lo que nos sucede y a la vez ser absolutamente conscientes de que somos responsables del futuro de otros. Que la culpa de equivocarme fuerte no la tienen los demás, pero que si los otros hubiesen pensado en todo lo que habría de generarse por sus decisiones quizá no deberían haberlo hecho.
Un mundo de posibilidades se abre en este Shabat previo a Tisha VeAb, responsabilizar a quienes nos precedieron por nuestras desgracias actuales o hacernos cargo del lugar de constructores del futuro de otra gente.

Shabat Shalom
Alan Kuchler 

Escribinos

¿Tenés dudas, preguntas, aportes o sugerencias? ¡Escribinos aquí!

¡ESCRIBÍ AQUÍ LO QUE ESTÁS BUSCANDO Y APRETÁ ENTER!