Parashat Shlaj Lejá. No te comas el verso.

 

La parashá que leemos esta semana se llama Shelaj Lejá, (Envía para ti). Seguimos en el desierto, estamos cada vez más cerca de lograrlo, cada vez más cerca de ingresar a la tierra prometida. Adon-i le pide a Moshé que envíe espías, uno por cada tribu, a la tierra de Canaán, la tierra a la que tanto aspiraban a llegar desde hacía varios años.

Y es así como Moshé elije 12 representantes, y los envía hacia la tierra para que investiguen todo lo que puedan. Observen la tierra, cómo es, y el pueblo que la habita, si es fuerte o débil, si son pocos o numerosos; cómo es la tierra habitada, si es buena o mala; y cómo son las ciudades habitadas, si son campamentos o plazas fortificadas…” (Bamidbar [Números] 13:17-20).

Cuando los espías volvieron, después de 40 días, 10 de ellos dijeron lo siguiente: “No podremos contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros. La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura. También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos.” (13:31-33).

El pueblo de Israel escuchó las palabras de los espías, y comenzó a entrar en pánico, se desanimó. La Torá nos dice que esa noche todo el pueblo lloró desconsolado. Se quejaron contra Moshé y contra Aharón y les dijeron: “Ojalá hubiésemos muerto en Egipto, o en este desierto, ojalá hubiésemos muerto”, “Ciertamente es mejor para nosotros regresar a Egipto”.

De los 12 espías, solo dos decidieron contar la verdad. Ieoshua Bin-Nun y Caleb hijo de Iefunneh, y le dijeron a todo el pueblo “La tierra que exploramos es buena, Adon-i nos va a guiar a esta tierra, no se rebelen ante él, no teman”. Pero el pueblo decidió no escucharlos. Eligieron creer en lo que la mayoría decía.

Di-s se cansó. El pueblo se quejó durante todo el camino, desde que salió de Egipto siempre encontró un problema distinto. Los milagros ya no funcionaban, las palabras ya no servían. No alcanzó con darles agua, no alcanzó con darles comida todos los días en su estadía en el desierto, nada parecería ser suficiente.  Y dijo Entonces Adon-i: “Todos los hombres que vieron mi gloria, lo que hice en Egipto y en el desierto, y me sometieron a prueba ¡Ya diez veces!, y no obedecieron mi palabra, no verán la tierra que yo he prometido a sus patriarcas. En el desierto morirán, excepto Caleb y Ieoshua”.

Y fue así como el pueblo comenzó a vagar por el desierto 40 años, por los 40 días que tardaron en explorar la tierra, por cada día un año, hasta que aquella generación muriese y recién allí pudieran ingresar a la tierra prometida por Dios a los patriarcas.

Solo hay una verdad absoluta, y es que la Verdad es Relativa. Tenemos que ir en busca de nuestras verdades personales, si buscamos la verdad, nuestra verdad, la decisión va a ser auténtica, nuestra.

No dejemos que nadie piense por nosotros, porque solo los cobardes necesitan de la mentira para eludir la realidad.

Shabat Shalom
Matías Bomse

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