Parashat Behaloteja. Situaciones temporales y permanentes

 

No es mucha la información que tenemos sobre el viaje de nuestros padres por el desierto. Cierto que casi todos saben cuánto duró e incluso algunos conozcan algún que otro evento desafortunado de la travesía, pero aún así, de los 40 años del viaje a la Tierra Prometida mucho es misterio. Pero sí sabemos algunos detalles. Sabemos que la caminata empezó en el 2do año (Parashá behaloteja), sabemos que fue difícil, que hubo quejas (Parashá Shlaj, Koraj y más), guerras, angustias. Y sabemos que en 40 años el pueblo acampó en 42 lugares (Parashá Maasei). Y si bien sabemos cada una de las paradas, lo que omite la Torá es el tiempo que Israel se mantuvo en cada lugar.

“Al dicho del Ad’ los hijos de Israel partían; y al dicho del Ad’ asentaban el campamento; todos los días que la nube estaba sobre el tabernáculo, ellos quedaban reposados (…) O si dos días, o un mes, o un año, mientras la nube se detenía sobre el tabernáculo quedándose sobre él, los hijos de Israel se estaban acampados y no se movían; mas cuando ella se alzaba, ellos se movían” (Bamidvar 9)

Dicen nuestros sabios que el pueblo al acampar no sabía cuánto tiempo iba a durar esa pausa, sin embargo, debían armar el Tabernáculo junto a todos sus elementos como si aquel fuera el lugar permanente. Nadie preguntaba si valía la pena desarmar los bolsos, ponerse a armar la Tienda de Reunión y acomodarse, dedicarle tiempo y esfuerzo a la difícil tarea de construir un campamento en medio de un desierto. ¿Por qué nadie se quejó de esto? Sobre todo en un pueblo que protagonizó varias quejas, éste nunca fue un punto de discusión.
Traslademos esta situación a la actualidad. Imaginate que te mudaá, con todo el estrés que eso implica y al otro día o al mes te informan que debés agarrar todas tus cosas e irte a un nuevo hogar. Cuanto menos es molesto.
Sin embargo la actitud del pueblo encierra una gran enseñanza para nuestra generación. No importa cuán larga o corta sea una situación, debemos estar 100% presentes en el momento. Así sea que una tarea, un trabajo, una mítzvá, me lleva 10 minutos o 10 años, debemos “acampar” en dicho trabajo hasta que sea hora de transitarlo y volver al ruedo del viaje.
Parashá Behaloteja da comienzo a la caminata y de alguna forma da comienzo también a nuestra caminata por el desierto que llamamos vida. Allí pasarán cosas buenas y malas, experiencias que durarán más o menos, pero que requieren que estemos completamente involucrados en vivirlas.
Por boca de D’s nos detenemos frente a algo y por boca de D’s volvemos a caminar, pero ya sea en tránsito o en descanso no debemos poner nuestra mente y cuerpo en stand by, sino que debemos actuar y vivir al 100%.
De esa forma cada día va a valer la pena. De esa forma cada experiencia nos traerá algo nuevo. En este viaje que comenzamos pues, hagamos que cada día cuente.

Shabat Shalom
Alan Kuchler

Escribinos

¿Tenés dudas, preguntas, aportes o sugerencias? ¡Escribinos aquí!

¡ESCRIBÍ AQUÍ LO QUE ESTÁS BUSCANDO Y APRETÁ ENTER!