Parashat Behar Bejukotai. El esfuerzo propio

 

El fin del tercer libro de la Torá, Vaikrá, nos comanda una serie de leyes sociales, culturales y económicas a veces difíciles de entender. El modelo financiero que maneja nuestra tradición por recepción de estas leyes bíblicas para mucha gente podría atentar contra el correcto funcionamiento de las economías de un país, de un pueblo, incluso de una comunidad. Desde dejar de trabajar todo un año, el séptimo (shmitá), pasando por la imposibilidad de vender un bien a perpetuidad, o dejando que la tierra descanse dos años enteros, el 49vo y el 50mo (shmitá y iobel). Sin embargo, entre tantos decretos sobresale uno que afecta -en apariencia- el mundo de los negocios entre judíos, la imposibilidad de la usura.

Y cuando tu hermano empobreciere, y se acogiere a ti, tú lo recibirás; como peregrino y extranjero vivirá contigo. No tomarás usura de él, ni aumento; mas tendrás temor de tu D’s, y tu hermano vivirá contigo” (Vaikrá 25:35)

¿Qué es la usura? ¿Acaso esto impide todo tipo de interés en los préstamos? Si es así, ¿qué sucede con las inversiones en un negocio ajeno? El Rebe de Lubavitch comenta que la diferencia entre un préstamo con interés (prohibido) y una inversión en un negocio ajeno que genera una ganancia o interés en favor personal (permitido) es pequeña sin embargo determinante. Dice el Rebe: “…cuando uno invierte en un negocio financiero, el dinero invertido sigue siendo nuestro, entonces, el dinero trabaja para nosotros. Es por eso que nos ganamos la ganancia que el negocio brinda. En contraste, el préstamo transfiere la propiedad de lo principal al prestado, y ahora el dinero pertenece a él, aunque esté obligado a pagar luego. Es por eso que tomar interés de un préstamo es beneficiarse del esfuerzo del otro sin haber participado en ese esfuerzo. El prestamista se beneficia por el solo hecho de que el dinero solía pertenecerle a él…”.
La prohibición de la usura no sólo tiene que ver con una cuestión monetaria, es una enseñanza para todos los ámbitos de nuestra vida. La Torá desalienta los beneficios y las ganancias (sean ellas materiales o espirituales) que se obtienen sin esfuerzo propio porque lo que se busca es justamente lo contrario, el crecimiento por el trabajo personal.
Parece decirnos nuestra Parashá, aquello que se obtiene de prestado no me hace ganar, sino que me estanca en el lugar. El esfuerzo, el hacer trabajar mis bienes, mi cuerpo, mi espíritu y cada parte de mi ser es lo que me alimenta, me eleva y me ayuda a transformarme y cambiar al mundo.
La vida es una lucha diaria donde a veces nos sentimos derrotados para aprender a valorar las victorias, donde nos cansamos para tomar impulso en nuestras tareas, donde nos caemos para tratar de subir un poco más. Si otros hacen ese esfuerzo por nosotros entonces nunca sabremos cómo crecer o de qué se trata realmente disfrutar.
Como dice el Zohar: sin sangre no se ve el tesoro. Debemos aprender a no tomar usura en nuestros negocios, pero mucho más a no tomar usura de nuestra vida.

Shabat Shalom
Alan Kuchler

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