Parashá Sheminí

 

Acabamos de transitar los ocho días de Pesaj, donde no comimos ningún producto que tenga Jametz, ninguno de los cinco cereales que se nos prohíbe consumir en este Jag: trigo, avena, cebada, centeno y espelta.
Nos encontramos, en este Shabat, retomando la lectura de la Torá, luego de haber leído la historia del Éxodo de Egipto.
Esta semana leemos una parte central de lo que va a ser nuestra forma de comer, lo que podemos ingerir y lo que no. Es de esta Parashá de donde comienza una nueva forma de ver lo que tenemos en nuestro plato.
Las mitzvot son el eje de nuestro judaísmo, 613 son los mandamientos esparcidos en la Torá.
Los hebreos al recibir la Torá, luego de salir de Egipto, dijeron “naasé venishmá”, “haremos y escucharemos”, fue una declaración de compromiso, el concepto de hacer y luego escuchar. Los comentaristas llegaron a la conclusión de que hacer se refiere al cumplimiento de las mitzvot, mientras que escuchar se refiere a comprender qué es lo que ellas significan.
¿Pero qué son para nosotros? ¿Seguimos primero cumpliendo, y luego entendiendo qué es lo que estamos haciendo? ¿O es lo contrario, al día de hoy?
Esta porción de la Torá nos trae por primera vez el concepto de Kashrut.
Kasher significa “apto” en hebreo, es decir, todo aquello que está apto o permitido ingerir para el Judaísmo. Según la Torá y los escritos, cuidar el kashrut es una Mitzvá, un “mandamiento divino”.
Desde el comienzo en Bereshit, el primer libro de la Torá, Adon-ai dice: “De todo árbol del huerto podrás comer, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no habrás de comer” (Bereshit 2:16-17). Vemos que existe una preocupación divina por la alimentación de los humanos que en ese momento habitaban la Tierra (Adán y Java).
Analizando la Torá, podríamos dividir en tres momentos diferentes uno de otro, la comida que ellos podían ingerir:

  1. Desde la creación hasta el diluvio, en esta etapa los únicos alimentos permitidos al ser humano eran vegetales y frutos.
  2. En Bereshit (9:3) encontramos: “Todo lo que se mueve, todo lo que vive, para ustedes será para comer, como la verdura y las plantas a ustedes les entregué todo, pero carne con su vida (su sangre) no comerás.”
  3. Y una tercera etapa donde la ley comienza a ser más estricta, en Vaikra (11) y Debarim (14:3-21), donde la Torá enuncia las normas que dividen a los peces y las aves en dos categorías, los puros y los impuros.

Y es así como comienza Vaikra (11:1-3), con Adon-ai hablándole a Moshé y Aharon diciéndole que les comuniquen a los hijos de Israel: “Estos son los animales que podréis comer, de entre toda la fauna que esta sobre la Tierra, todo animal de pezuña partida hendida en mitades y que rumia entre los animales, a él podréis comer…”
Parashat Sheminí nos habla acerca de las normas alimenticias judías mencionando una larga lista de alimentos prohibidos y permitidos.
Pero, podríamos preguntarnos: ¿Por qué no puedo comer lo que quiero? ¿Soy una mala persona por comer un sándwich de jamón crudo? La respuesta claramente es que no. Hay buenas personas que comen sándwiches de jamón crudo y hay malas personas que comen únicamente pastrón kasher, pero ese no es el fin de las normas del Kashrut.
Por un momento traten de verse a ustedes mismos comiendo, no hay nada más mundano que ver comer a alguien. Es la acción más animal que tenemos como seres humanos, incluso, prueben hacer el ejercicio de sacar los cubiertos y los platos, y así la imagen se vería realmente diferente, se va distorsionando cada vez más.
El judaísmo nos invita a cambiar esas cosas que a simple vista son “animales” y hacer de una comida un arte. Nos da herramientas para que podamos ver, por ejemplo, una comida, de una forma mucho más bella. Para poder darle un sentido y hacerla más significativa comenzando desde las Brajot, agradeciendo por lo que tengo en frente mío, y reconociendo que estoy tomando algo de la tierra con permiso de hacerlo, hasta el tipo de carne que quiero tener en frente de mi plato el día de mañana, y saber que la vida de ese animal fue tratada de una manera diferente.
El cumplir mitzvot es un camino, lleno de obstáculos, lleno de barreras que se nos van a presentar, barreras que pueden ser llamadas amigos, nuestra mente, nuestros deseos e impulsos, la sociedad que nos rodea. Y son éstos los que van a hacer de ese camino algo más difícil, pero puede que el secreto esté en encontrarle el sentido a por qué estoy cumpliendo lo que cumplo.  Si lo estoy haciendo por mí, por alguien más, o por eso a lo que llamamos Dios.  Pero creo que el primer paso radica allí, en el sentido.  Nuestro cerebro, y nuestras ideas, conectadas con la acción de hacer, por un fin que nos haga mejores personas, mejores seres humanos.

Shabat Shalom
Matías Bomse

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